Simetries i colages

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Tècnica: pintura plàstica i esmalt sintètic sobre tela
Mesures: 114 x 146 cm.

Fa un temps vaig presentar aquesta pintura a Premi de Pintura Contemporània de la Fundació Vila Casas. Ara, amb data del 31 de juliol, acabo de rebre una carta on hi figura el següent text:
“…després de moltes deliberacions degut a la gran quantitat d’obres presentades, el Jurat hagut de fer un tamisat molt acurat, i sense menyspreu de cap artista per decidir les obres d’aquesta convocatòria que opten a la selecció, i sentim comunicar-te que no has estat seleccionat”.

Deixant apart els criteris utilitzats per la selecció, i del que ja se’n veuran els resultats en el seu moment, em maravella la confiança que es prenen en el tractament amb els concursants, parlant-nos de tu, com si ens coneguéssim de tota la vida. Serà que, amb el guanyador, sí és aquest el cas ? O simplement es dona per fet que, qui es dedica a l’art, no mereix el tracte mínim de cortesia que els propis convocants esperen de nosaltres?

MEMÒRIA DESCRIPTIVA DE L’OBRA

Des de fa temps que m’intriga el mètode del que es val la genètica per “pintar” les ales de les papallones. Més que la finalitat, m’interessa el procés com la natura crea les seves formes, deslligat de l’encotillament de una idea o traçat previ.

La simetria és el mecanisme més ràpid i eficaç per convertir qualsevol imatge en una entitat singularitzada; però, alhora, és tan fugissera i inestable com l’aleteig d’una papallona.

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“En principi fou la simetria…”

També així podria començar el relat del gènesi. En tot cas aquesta seria la gènesi de l’obra que aquí ens ocupa.
Perquè sense la simetria que reconeixem en tots els esser, ens seria molt difícil distingir qualsevol forma entre el caos que la genera.
Sense un punt de referencia, línia de l’horitzó, o de trencament (Big-Bang), cap mesura es fa possible

La gènesi de la forma, el principi geomètric s’inicia en el punt (+) però, immediatament, a través de la perllongació (——), es genera una esquerda o fragmentació, que dividirà l’espai en dues meitats (un procés que després es repetirà fins l’infinit). Tan sols a partir d’aquesta línia de referència es podrà començar a mesurar l’espai i el temps.

Sense aquesta referència prèvia, tota forma es perd en la indefinició i el caos.
El reconeixement de un eix l’horitzó de referència confereix a la forma una entitat diferenciada, a partir de la qual se la pot mesurar, dividir, estudiar; en una paraula, identificar.

El fraccionament, o plegament, per tant, és la condició primera per l’ordre. Sense fraccionament no són possibles els límits, i sense límits no són possibles la forma definida, el sexe, la freqüència, ni la identitat.
I, ja se sap, el primer que exigeig l’ordre és que un s’identifiqui.

Això ens porta als conceptes d’ordre i l’equilibri. Conceptes que l’art, en totes les èpoques i estils, ha intentat copsar i reflectir. En son exemples evidents el Pantocrator de Taull, o els retaules barrocs; però igualment, en el llenguatge escrit, els coneguts com palíndroms: frases que poden llegir-se igualment en els dos sentits. Tots ells ens menen a recerques transcendentals, cabalístiques o alquímiques, en busca de sentit, per descobrir alguna mena d’ordre subjacent en el caos… mentre, perduts, “girem en la nit i el foc (o el desitj) ens consumeix”

in girum
“in girum imus nocte et consumimur igni”

Exposició a la Llibreria Les Punxes

Durant tot el mes de gener podeu veure una mostra de les meves pintures a la Llibreria Les Punxes. A la Casa de les Punxes, cantonada Diagonal- Roselló, de Barcelona.

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Lex (versus) lux

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RORSCHACH/ La simetría fugaz y otros experimentos

Muelle (vista aérea)

“En principio fue la simetría…”
También así podría comenzar el relato del génesis. En todo caso esta seria la génesis de la obra que aquí nos ocupa.
Básicamente, el relato de los siete días de la creación que nos hace el génesis, consiste en un trabajo de separación, de distinción entre fluidos: una decantación.
En el primero, separa la luz de las tinieblas.
En el segundo, separa el firmamento (el espacio, el cielo), de los planetas.
En el tercero, separa las aguas de la tierra seca.
En el cuarto, el día de la noche.
En el quinto, separa los animales que nadan de los que vuelan.
En el sexto, se distingue a los animales por especies, los machos de las embras, el hombre de la mujer.
El séptimo, el trabajo de la fiesta.

Pero, al mismo tiempo, aquello que crea, el mecanismo de separación (el eje de plegamiento, el punto de partida que permite la reproducción), también hace idénticos uno y otro de los lados que separa; no en balde son las dos caras de un único proceso.
La génesis de la forma, el principio geométrico, comienza en el punto (+) pero, inmediatamente, a través de su prolongación (…..), se genera una grieta o fragmentación, que dividirá el espacio en dos mitades (un proceso que después se repetirá hasta el infinito). Tan solo a partir de esta línea de referencia se podrá comenzar a medir el espacio y, por tanto, el tiempo.
Sin esta referencia previa, toda forma se pierde en la idefinición y el caos.
De la misma forma, el reconocimiento de un eje u horizonte de referencia confiere a la forma una entidad diferenciada, a partir de la cual se la puede medir, dividir, estudiar; en una palabra, identificar.
El plegamiento, o giro de una superficie sobre su eje, aparte de convertirla en tridimensional, hace posible el encuentro (o beso) entre las dos mitades resultantes.
El encuentro - si los elementos que los componen son lo bastante fluidos - creará la forma simétrica, característica habitual de los seres vivos.
El fraccionamiento, o plegamiento, por tanto, es la condición primera para el orden. Sin fraccionamiento no son posibles los límites, y sin límites no son posibles la forma definida, el sexo, la frecuencia, ni la identidad.
Y, ya se sabe, lo primero que exige el orden es que uno se identifique.

Desde la división del ovulo hasta los ciclos astrales, pasando por la forma de plantas y animales, los procesos industriales, la arquitectura, las formaciones militares, el arte, la planificación, la especulación, cualquier estructura o forma ordenada requiere, para ser estudiada y reconocida, de la simetría, la repetición, el ritmo secuencial, el equilibrio… aun que sea para negarlos.
En los sucesivos plegamientos, acoplamientos, divisiones mutaciones, son la prolongación, en el espacio y el tiempo, de la primera fractura (big-bang) que dio origen a toda la riqueza de formas que nos rodean.
La disolución de los límites, por contra, es el gesto que nos conecta al infinito: el impulso que comunica y hace crecer la vida, por pura y simple trascendencia de la forma definida.

LAS IMÁGENES
Las imágenes aquí expuestas quieren ser fruto de esta reflexión, trasladada al ámbito de la pintura; un material que, en principio, no tiene más condicionamientos que la fluidez y el color, a partir de los cuales, como en tantas otras disciplinas, puede recrearse el universo.
Con respecto a la técnica, consiste en plegar el soporte (tela o papel) para obtener un eje de simetría, después de haber esparcido pintura sobre la superficie. Se trata, como en la fotografía, de capturar el gesto, el fluir, fijándolo, aquí, justo en el momento de reproducirse.
El inconveniente, o la suerte, es que uno no puede dirigir o prever el resultado más allá de cierta intención en el momento de esparcir la pintura. Se diría que uno aporta los elementos (rejunta los contrayentes como si hiciera de casamentero) pero no tiene manera de saber cual será el resultado del apareamiento.
El resultado dependerá de la mezcla casual del pigmento, de la cantidad, el trazo o la forma originaria, de la fluidez, de la presión y el sentido en que se aplique esta sobre la superficie, y de las veces que se realice el acto, unión o plegamiento. Lo único que queda garantizado (salvo malformación o accidente) es la simetría del conjunto.
Esto obliga a simplificar las formas y forzar los contrastes con tal de aproximarse a las formas que que se desea sugerir, o recurrir a sucesivas impresiones hasta obtener el resultado deseado o, como mínimo, satisfactorio, puesto que los matices siempre son aleatorios, caóticos, imprevisibles, si bien este es su principal atractivo: el de capturar el caos dentro de la figura, o a la inversa, desfigurar la forma hasta el caos.
Los resultados participan tanto de la simplicidad, colorista, formal, del románico como de los “esfumati” de da Vinci.
La tendencia al equilibrio del cerebro humano queda satisfecha mediante la simetría y, al tiempo, el rechazo que pueda provocar la monotonía de la repetición, se ve compensado por la riqueza de matices que genera la fusión de los pigmentos; de hecho es tal como se comporta la materia en la naturaleza, donde las formas no son premeditadas sino casuales, donde la única aparente intencionalidad, dada su constancia, es el hecho simétrico o tendencia al equilibrio, alcanzado con con más o menos fortuna.
Por otra parte participa (es el reflejo) de una sociedad en constante movimiento, cada vez más liquida, inestable, fluida.

Una fluidez, o movimiento, ya representado tradicionalmente en la imaginería budista o hindú, donde sus divinidades, multiplican sus brazos hasta el infinito, como representación de la danza perpetua, generadora y regeneradora, del caos creativo.
Quien sabe si en el mecanismo de plegamientos y simetrias resultantes podría encontrarse el origen del efecto sincrónico: aquel que relaciona fenómenos aparentemente sin conexión.

Naturalmente, con esta técnica, se corre constantemente el riesgo de perder la forma, que esta se desdibuje hasta hacerla irreconocible, de manera que la intención o efecto que ha motivado al autor no llegue a comunicarse al espectador. Por contra (no en vano esta basado en el test de Rohrschach) tiene la gracia de provocar constantes descubrimientos, tan nuevos para el autor como para el espectador. Así las formas sugeridas son debidas tanto a la casualidad de los corrimientos pictóricos como a la imaginación, bagaje cultural y/o psicológico del observador, despertados por la contemplación de la obra.
Lo que uno vea va mucho más allá, o aca, de lo que pueda apuntar el autor. Es la suma de todos estos elementos lo que conforma la obra, haciéndola diferente y única para cada uno que la contempla, justamente debido a la dificultad, o falta de consenso, en el reconocimiento de la forma.
No obstante hay un elemento que no varia, que siempre se mantiene, aquello que hace (para bien o para mal) que una obra se acabe y se cumpla en si misma : la simetría. La permanencia de la cual es también aquello que hace posible, a cada uno de nosotros, de reconocer y ser reconocidos, entre nuestros congéneres.

Aranya

Aranya

San Bartolome

Fénix

Fénix

Guerrer de blanc i groc

Sebastian de Mora

Cranis

Cranis

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Torero

Copia de IMG_8946

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Esmalt sobre paper.

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recreació de la obra de Joan Huguet

Milagro en la sopa

Peixos

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Esmalt sintétic sobre tela.

Matrimoni holandès