“Toma a tu único hijo, al que amas, y ofrécelo en holocausto…”
Está la Biblia llena de pasajes terribles como el anterior, donde Dios se manifiesta inmisericorde y caprichoso. Es cierto que , después, se compadece de Abraham y manda a su ángel a detener el brazo ejecutor del patriarca, pues ya ha demostrado este su obediencia, hasta el punto de sacrificar a su hijo.
Que tanta gente en el mundo tenga como referente cultural el libro donde se narran estos hechos (siendo “el libro” por excelencia, el que da nombre a las bibliotecas), a la fuerza tiene que influir en la manera de entender el mundo y enfrentarse a los acontecimientos, con independencia de que uno sea o no creyente.
Mucha gente encuentra en sus textos –o así lo cree- la respuesta a sus preguntas, la guía para encaminar sus vidas, o un mecanismo de reflexión sobre los conflictos que desde siempre han perturbado a los humanos o consejo sobre como resolverlos.
No falta tampoco quien lo considere depositario de la verdad absoluta respecto a como ha sido el pasado, tanto como lo que el futuro nos depara.
Sin llegar a esos extremos es, no obstante, un compendio de las pasiones que nos dominan así como de las relaciones de poder y sus efectos sobre las gentes; de cómo estas se reproducen y perpetúan a través de los tiempos.
En este sentido pueden encontrarse todo tipo de ejemplos; y el citado al principio tiene, a mi modo de ver, mucho que ver con lo que ahora ocurre en el llamado mundo occidental:
“Dios –el dios Capital- exige, de nuevo, que le sacrifiquemos a nuestros hijos”.
Que le demostremos nuestra más absoluta sumisión, entregándole lo que más queremos. Nuestros más preciados bienes.
Y, en ello estamos: camino del altar del holocausto.
Al igual que Abraham tampoco entendemos las razones de su exigencia; son esas pura abstracción numérica que solo “su corte celestial”, tal vez, conozca.
Habiendo leído la Biblia –luego hay un precedente- tenemos la esperanza de que se colme su sed de sangre, que mande a su ángel a detener el brazo ejecutor (los padres de la patria), antes del acto irreparable.
Más su misericordia, como antaño, exige el pago de nuestra absoluta sumisión; solo con ello se aplacará su exigencia; solo con ello la estructura de poder permanece.
Que nuestros hijos vivan o mueran no le importa a Él un carajo. Pero debemos convencerle de que estamos dispuestos a sacrificarnos por su gloría.
Pues es su vida –la del Dios Capital- la que depende de ello.
Me pregunto yo ¿si no ha habido suficientes ejemplos, a lo largo de la historia y de la mitología de todos los tiempos, para saber como funcionan este tipo de procesos??
¿No se podría confeccionar un programa informático que los recogiera todos y que (como las previsiones del tiempo), mediante la introducción de los datos correspondientes, barajara toda esa información a la búsqueda de sus precedentes para darnos las previsiones del momento?
Estoy seguro que para cada situación existe alguno o varios precedentes (tampoco somos tan originales), sino exactos parecidos, que pueda ilustrarnos sobre lo que nos espera.
Para eso sirve la memoria en cada individuo ¿Porqué no puede servir igualmente a los grupos, comunidades y colectivos el recordar el pasado?
Nos advierten los historiadores que “quien no conoce su historia esta condenado a repetirla”
Antaño esa era la función encargada a los mitos y leyendas; ahora la informática lo facilita, solo se requiere procesar correctamente los datos.
¿O es que preferimos, como colectivo, vivir afectados de alzheimer, con memoria de pez?
¿A quien le beneficia que vivamos siempre en “el día de la marmota” ?
Durant tot el mes de gener podeu veure una mostra de les meves pintures a la Llibreria Les Punxes. A la Casa de les Punxes, cantonada Diagonal- Roselló, de Barcelona.
Eminencias Reverendísimas:
Ante todo pediros disculpas por importunaros con mi suprema ignorancia, propia, seguramente, de la tosca mentalidad de un simple trabajador manual embrutecido por el contacto con la vil materia.
Sin embargo, mi admiración por el Arte me empuja a dirigirme a Vuesas Eminencias Reverendísimas (V.E.R.) en demanda de orientación y consejo, pues deduzco de vuestras publicaciones, que sois expertos en el Arte contemporáneo y su mercado, terreno en el cual me siento absolutamente perdido.
Es por ello que, abusando de vuestra paciencia, quisiera haceros participes de mis rogativas, a la espera de que tengáis a bien atenderlas.
Entiendo que, quienes acceden a vuestros seminarios, aparte de poder costearse lo que valen, tienen la intención de dedicarse, de alguna manera, a la gestión del arte en el ámbito contemporáneo; lo cual, en los tiempos que corren, y por lo que tiene de espiritual dicha especialidad, viene a ser –junto con el deporte- el equivalente actual de la religión, entendida como “el culto elevado a los altares” y, por tanto, reservado a la clerecía; cargo que V. E. R. asumen (o aspiran a ello) en el mundo artístico.
Por eso un servidor, que en la infancia fue monaguillo, nunca se atrevería a aspirar a cargo tan elevado, por lo que tiene que conformarse, a lo sumo, con el de sacristán de alguna de vuestras iglesias, capillas o catedrales.
Porque, a pesar de haber sido educado en latines y haber ejercido diversas funciones parroquiales (léase: diseño gráfico, ilustración, escultura, muralismo…), destinando a ello incontables horas de oración, plegaria y recogimiento, no he sido bendecido con la gracia por la que se me permita acceder a los altares a participar de cualquier pobre o solemne misa, debiendo conformarme con ejercer de apagavelas en el rosario de las beatas.
Como doy por supuesto que vuestros seminarios facultan a sus Eminencias, además de oficiantes para dichos cultos, para saber distinguir entre buenas y malas obras; lo que tiene la virtud de elevar a los altares a las primeras y condenar al fuego eterno a las segundas; imploro de vuestra magnificencia y sabio discernimiento sacerdotal, tengáis a bien sopesar las mías, para que, en caso de considerarlas dignas de adoración, como seria mi aspiración, les sea otorgada su bendición para poder ser admitidas en el santo panteón de los milagros y convertirse en imágenes de culto. Y, así consagradas, permitan a su humilde autor (o sea, yo) beneficiarse de la modesta renta que los óbolos de los feligreses tengan a bien destinar al culto de dichas obras.
En caso contrario, si pensáis que solo merece vuestro repudio, imploro de la misericordia de vuesas mercedes, no las juzguéis con excesiva severidad, dado que fueron realizadas con la mejor intención, sin ánimo de ofender a dios, ni a sus respetables representantes en la tierra, tal como fueron escritas estas palabras, ni en ellas encontréis más pecado que el de la ironía.
P.E. Tal vez queráis aprovechar los desvaríos de este pecador, para instruir a vuestros Excelentísimos aspirantes en las miserias del bajo mundo, por el cual ellos deberán mediar.
Me ofrezco voluntario, para que, si lo creen conveniente V.E.R, sus pupilos puedan analizar los frutos de mis bajos instintos y, en lo posible, intenten enderezar mi vida por el recto camino.
Quedo a vuesa entera disposición.
Atentamente
Un pecadol
Quan algú diu “ mira que faig” és evident que preten cridar l’atenció, és la veu d’algú que vol ser protagonista, que, degut a allò que fa, es considera mereixedor de l’atenció dels qui l’envolten i reclama per tan que li dediquen el seu temps, cosa que sense el reclam previ potser no es donaria, perdent-se allò que fa, en l’anonimat i tan l’obra com la persona serien ignorades.
Per contra, quan algú pregunta “quí ho ha fet això ¿” és evident que qui ho pregunta no és l’autor de l’obra, però també que és l’obra per si mateixa –sense el reclam de l’autor- qui ha aconseguit captar l’atenció de l’observador sorprès per aquesta.
Que un reclami l’tenció per la seva obra no diu res ni a favor ni en conta d’aquesta, al contrari del que passaria si el reclam fos únicament vers la persona, la qual podria ser acusada d’immodèstia, actitud en la que solen caure els infants en reclamar l’atenció dels grans.
Però quan l’obra, per si sola, te el poder de captar l’atenció, esdevé protagonista trascendint l’anonimat del seu autor, dona fe de la seva qualitat intrinseca, del seu valor creatiu, i entronca directament amb la força creativa de la naturalesa, l’autoria de la qual, malgrat els diversos intents per ser esbrinada, continua en l’anonimat.
Si be, degut a les limitades capacitats de la ment humana, ens continua semblant inconcebible que al derrera de una obra no hi hagi, visible o invisible, un autor, algú amb ganes de protagonisme que utilitza la seva obra com a reclam envers la seva persona, i ens desconcerta quan ningú es proclama, o reclama, com a autor (“mira que faig”), i encara més en un món on el prestigi o el nom de la persona precedeixen a l’obra, i l’autor es publicita no sols com a reclam, sino per conferir valor a l’obra.
L’anonimat, a les hores, esdevé suspitós, es desconfia de qui no dona la cara (de qui no te cara) per posar preu a allò que fa. No ens adonem que només si és anònima una obra pot ser justament valorada, que és quan preguntem “això quí ho ha fet” que l’obra , de veritat, ens interessa. Perque quan l’autor és tan evident que no cal fer la pregunta, vol dir que la seva obra ja no ens sorprèn, que només fa allò que d’ell s’espera: que sigui una bona inversió. La inversió des del “quí ha fet això?” al “mira que faig ara”.
Allò que ens ha arribat de la prehistòria és, per definició, de factura anònima, no podem saber-ne l’autor. Per tan no queda més remei que valorar l’obra pel que és o representa, però no pas per quí representa.
En epoques històriques també sovint l’autoria de l’obra és anònima i només se’n sap la cultura a la que pertany i/o l’ha motivada, aixì es l’obra, a falta d’altres referents, la que ens dona informació d’aquells que la crearen.
És a partir del moment que se’n coneix l’autor que l’obra contribueix, o no, a donar prestigi al seu creador. Així, per exemple, en el cas de Velazquez, son tan conegudes les seves obres com la seva persona, és adir, obra i personatge s’equilibren: el pretigi de l’obra enalteix a l’autor.
Arriba un moment, però, en que es valora una obra per el prestigi d’aquell que l’ha feta. Segurament seria amb Dali que comença aquest càmbi, és la personalitat de l’autor allò que fa que sigui coneguda la seva obra. Tothom coneix el nom de Picasso, però segurament poca gent sabria (apart del Gernica) quines obres ha fet. El mateix passa amb Tapies o Chillida, tothom pot reconeixer el seu estil, peró la majoria no en pot anomenar obres concretes.
Encara hi ha, però, un altre nivell, a l’hora de valorar una obra, és el que passa pel reconeixement del comisariat.
És a dir, que es valora una obra en funció de quí l’hagi seleccionat.
En un moment en què la valoració artistica és absolutament subjectiva, la única forma de poder ser valorada pel gran public passa pel prestigi professional de qui n’ha de fer la selecció.
No és estrany doncs que sovint allò que més es valora sigui el més incomprensible per la gent, donat que és en aquests cassos quan els especialistes (comisaris, curadors, marxans) tenen més terreny per esplaiar-se, fent valdre els seus coneixements i criteris personals, donat que, al cap i a la fi, és per això que se’ls paga.
Pot donar-se la paradoxa –de fet es dona- que, mentre els creadors tenen feines per viure, el funcionariat artistic cada vegada gaudeix de més prestigi i privilègis, sovint heretats o associats a antics llinatges.
Per tan el cercle torna a tancar-se: El prestigi, que partin de l’artesà havia imprecnat a l’artista, superant inclús el valor de l’obra, ara torna a les elits de sempre, aquelles que utilitzen l’art per distingir-se dels altres. S’esdevé així una nova aristocràcia sacerdotal basada, més que en la interpretació del “misteri de l’art”, en fer de “l’art un misteri”.
Cualquier día, un erudito, propondrá que en la enseñanza se utilice la música como base para el aprendizaje de las criaturas; que esta sea, como la urdimbre de un tapiz, la malla sobre la que se incorpora todo el conocimiento.
Un día alguien se dará cuenta que el universo es un tejido de vibraciones y frecuencias, que fraccionarlo en disciplinas solo sirve para falsearlo.
Que la capacidad humana sea demasiado limitada para captarlo conscientemente en toda su amplitud, no implica necesariamente trocearlo para comprenderlo. Que uno, finalmente, se vea obligado a la especialización si quiere profundizar en algunos aspectos, no tiene porque hacerle ignorar los otros aspectos que deja de lado.
Que la natural curiosidad infantil se vea amputada por la obligación de asumir unos contenidos preestablecidos y encaminados a un objetivo predeterminado, es tan solo la lógica consecuencia de esta compartimentación y fraccionamiento que da por supuesto, en el proceso educativo, la incapacidad de entender el universo como un todo interconectado.
¿Qué mecanismo puede haber mejor que la música – y por extensión todas las artes- para hacer participes a las criaturas de la riqueza rítmica del universo? Todo ello sin la necesidad previa –racional- de tener que entender todos sus mecanismos, ni amputar la curiosidad con pesadas repeticiones teóricas.
Dejándose llevar por esos ritmos de manera que, el simple deseo de participar, les facilite el incorporarse en ellos. Por el contrario, si a uno se le educa como mero espectador, siempre se sentirá excluido de aquello que observa.
Según dice el neurólogo Stefan Koelsch “no existe casi ninguna parte del cerebro que no se vea afectada por la música”. Así la música afecta principalmente a las emociones, pero a través de ellas se puede involucrar a todas las demás disciplinas.
Lo primero que la música enseña es participación y respeto, hacía uno mismo y los demás; pero también autodisciplina, esfuerzo y atención.
Con la música, además de estimular la memoria, expresar emociones, estados de ánimo, empatía, se puede aprender matemáticas, literatura, expresión oral, idiomas; pero también geografía, historia, antropología, política, ciencias, anatomía, educación física…
¿Porqué será que los jóvenes están permanentemente conectados a aparatos de música e idolatran a los grupos musicales? Mientras mantienen tan poco interés por las disciplinas escolares y gozan de tan escaso prestigio los profesores.
Utilizar la música como base para la educación no significa que todo el mundo deba llegar a un nivel de conservatorio, sino que cada nivel utilice como herramienta (urdimbre) la música que más atraiga a los alumnos, según el nivel y capacidad de cada uno (No hace tanto las tablas de multiplicar se aprendían por este método).
Eso, no obstante, requiere que los educadores dispongan de unos recursos rítmicos y musicales con los que ahora no cuentan, dado que en su formación –exceptuando a quienes tuvieron un interés personal- la música, y las artes, tan solo aparecen como un complemento anecdótico.
Un día, algún erudito, propondrá que en la enseñanza se utilice la música como base para el aprendizaje de las criaturas, que esta sea, como la urdimbre de un tapiz, la malla sobre la que se incorpora todo el conocimiento…
Pero esto será en otra tierra y, si alguien le hace caso, no será porque la considere buena, sino porque aquel que la hace ya tiene un prestigio reconocido; y, llegado el caso que logre aplicarse, aquí, tan solo querrán copiarla por el prestigio que, allí, le fue otorgado.
Algún día…
-“Em dic John Ofhaig Rees” (non suposat, es clar) i soc un inutil”.
El dia que jo vaig pronunciar aquestes paraules fou l’inici de la meva lliberació. Perquè, com tothom sap, la solució de qualsevol problema comença pel seu reconeixement.
-“No serveixo per a res. Ningú sap què fer de mi. Ni tan sols jo mateix”
-“Explique’ns això” – Va dir el meu terapeuta, el paio que dirigia la teràpia de grup on m’acabava d’apuntar, per força, imposada per l’inem com a condició per seguir cobrant el subsidi d’atur.
-“Doncs… que tinc la impressió que tot allò que vaig aprendre, tot el que soc, ja no serveig per res ni l’hi interessa a ningú”
-“A nosaltres ens interesa. Ohi?” -va dir el terapeuta, abastant amb un gest de la ma als altres components del grup.
-“I un collò !” -vaig pensar jo- “ a tú només t’importa perquè et paguen, i als altres estan aquí, igual com jo, per obligació” Però no ho vaig dir, es clar, no era cosa de començar de mala manera ja al principi, per més que allò el retornés a un, d’alguna manera, als seus anys escolars, quan, assegut en un pupitre, tampoc m’interessava una merda el que el senyor mestre pogués explicar.
També allò tenia que servir per llaurarse un futur. “llaurar-se” encara en deien a les hores quan ja era evident que l’agricultura, amb tot el seu bagatge cultural i pràctic, acumulat al llarc dels milenis, ja estava fent aigües torpedinat per l’avenç imparable de la tecnologia, la indústria i els serveis que anaven ocupant cada vegada més espai al món modern, substituint, fins quasi fer-la desapareixer, qualsevol activitat agrícola, si més no, en la forma tradicional en què s’havia mantingut fins a les hores.
-“De què m’han servit el llatí, les matemàtiques, la geografia, la història, les ciències, la literatura, la religió, la formación del espiritu nacional o la gimnàstica ??”- Això si que ho vaig dir en veu alta -“És clar, per comprendre el món”- vaig continuar- “ per fer carrera, deien, però, quín món? Jo ja no entenc res, sinó no estaria aqui, i, fer carrera, només te sentit o valor per aquell que la guanya, els altres, ens fotem. Haver-lo deixat corre sol !! al que guanya, em refereixo, això és el que teniem que haver fet. Total, sempre guanyen els mateixos, cuasi sempre les carreres estàn apanyades i aquells que les guanyen mai reparteixen els seus guanys amb els perdedors.”
-“Et veig mol negatiu, John” va dir el terapeuta.
-“És clar que estic negatiu. Jo vaig complir amb la meva part, vaig aprendre un ofici. Potser no era dels millors, però sabia fer-lo, complia la meva part del tracte i, de sobte, tot va cambiar, cambiaren els sistemes, cambiaren els objectius, cambiaren les modes… o, potser el que més va cambiar va ser que els fins deixaren de ser importants i els mitjans es tornaren prioritaris. Ara no interesa el contingút, nomes copta l’aparença i l’embolcall. Tot és efimer. Provisional. A mi m’educaren per aconseguir uns fins, saps?, i em vaig quedar amb el cul a l’aire… com els alls plantats en lluna nova.
Només els interesavem com a ma d’obra, com a camàlics, com carn de canó… i quant això ja no ha estat necessari, perque les m’aquines ja fan aquesta funció, ens han escombrat. I ara encara pretenen treure benefici de nosaltres com a material de rebuig. Reciclar-nos, en diuen. Només per donar feina a gent com tú… que ens estudií i entretingui. Per tenirnos ocupats, quiets, i no fer nosa. Mentre els privilegiats de sempre gaudeixen del que han acumulat, durant anys, grácies al nostre esforç.
On és el progrés ? El be comú? L’esforç per superar-se?
Tot això s’ho han endut els trileros fills de papa, jugant amb les seves cartes marcades.
Sí, és veritat, ara mateix necessito ajuda física, econòmica o psiquiàtrica. Una de les tres, o les tres juntes. Però el que més necessito és saber-me útil.
I tú, senyor terapeuta dels pebrots, no hi pots fer res”.
“Ja et diré jo quin és el mecanisme per que a un el tinguin en compte (d’alguna cosa ha de servir-me l’experiència):
Pel que es veu, la millor, sinó la única, manera, de que a un li facin cas, el tinguin en compta, és fer nosa.
No valen per res totes les habilitats, coneixements o reflexions que un exposi o disposi, si no aconsegueix, avans que res, fer nosa: interposar-se entre l’objecte de desitg i aquell que el desitja, impedint-li d’asolir-lo ( o què us penseu que és la propietat privada?).
Naturalment, el més probable, és que això provoqui l’agresivitat de l’interferit en contra de l’interposat, per això sovint cal que, l’interposat, sigui més fort, més poderós, o més respectat, que l’interferit; altrament s’arrisca a sucumbir arollat sota l’impuls de l’altra, llençat cegament vers l’objecte cobejat.
Caldrà, doncs, reclamar la seva atenció de manera prou seductora per distreure’l de la seva primera intenció.
En aquesta capacitat de seduir es basa, teoricament, tota promoció publicitaria o intenció comercial; a la practica, però, es demostra molt més eficaç l’exercici de la força, és a dir, fer obligatoria l’atenció, i el consum de determinat productes o serveis impedint l’acces, barrant el pas, a la possibilitat d’atquirir-ne uns altres. Aquesta és la base del poder que governa el món: el client captiu.
Si no tens aquest poder no existeixes, ets invisible, i encara que et sentin, no t’escolta ningú. No vals res”-.
Tot això podia haber-li dit, al meu terapeuta, però no vaig dir res. Per què?
Si éll és tan captiu com nosaltres.
Tal como se están poniendo las cosas, tal vez sea el momento de volver a desempolvar el recuerdo de ciertas estructuras que, al menos aparentemente, parecían haber quedado en desuso.
Me temo que –si Dios no lo remedia- harán sentir su peso sobre nuestras espaldas cada vez más.
Trátase de lo que sigue:
CLASES DE PRIVILEGIOS o PRIVILEGIOS DE CLASE
CATEGORÍAS / Su ORDEN y GARANTíA
1 - En este país (y seguramente también en otros) el orden de privilegios comienza por el linaje: nacer en noble cuna. Se podría decir que, nacer en el seno de alguna forma de aristocracia (nobiliaria, militar, sacerdotal, financiera, tecnológica, burocrática…), implica que el prestigio viene de serie: incorporado al nombre.
Aquel que nace en cuna aristocrática tiene, en principio, el futuro asegurado, incluso sin otros meritos o capacidades personales. Lo que no impide que pueda perder, a lo largo de su vida, los privilegios otorgados (algo que, sin embargo, suele suceder en mayor medida a quienes pertenecen a cualquiera de los otros niveles de privilegios).
Al estar, los privilegios del aristócrata, apoyados en la fuerza coercitiva que les otorga el control sobre los recursos y bienes (desde los más básicos y materiales, a los más etéreos), necesita hacer gala de una estupidez más allá de lo común para dilapidar los recursos heredados, lo que no es óbice para que ello suceda con cierta frecuencia.
2 – El segundo nivel – que suele ir unido al primero- es la riqueza económica; pero pueden igualmente adquirirla quienes no nacieron en la aristocracia, ya sea por astucia, capacidad personal, suerte, oportunidades aprovechadas, explotación de congéneres o, más raramente, esfuerzo personal. Y si bien no garantiza un respeto general, suele otorgar parecidos privilegios que los pertenecientes el primer nivel. Y, con el tiempo, incluso llegar a ser aceptados y confundirse con aquel, generando linaje.
A él pertenecen quienes, debido a su posición privilegiada (de dominio, liderazgo, competitividad, situación de privilegio, especulación…) tienen oportunidad de controlar el acceso a la riqueza, facilitando o impidiendo el acceso a los demás; por lo que suelen pertenecer a esta clase los altos cargos funcionariales del estado, los directivos y ejecutivos de las multinacionales, o los “capos” dirigentes de tráficos inconfesables ; es decir, quienes ejercen cualquier forma de coacción, ya sea legal o ilegal.
Raramente es fruto del conocimiento, a no ser que se entienda por ello el negociar con información privilegiada.
3 – El tercer nivel es la belleza física; que si bien no es patrimonio exclusivo de ningún estamento social, suele darse en un porcentaje mayor en los dos anteriores. En gran parte debido a las favorables condiciones ambientales de las que gozan, a las que se debe añadir el hecho que pueden permitirse las intervenciones de “restauración” física que consideren necesarias para tal fin. Normalmente una altura superior a la común es motivo suficiente para ser admitido en esta categoría; incluso si la talla extra afecta solo a algunos puntos específicos de la anatomía.
Este nivel permite, a quienes no pertenecen a dos anteriores, acceder a ellos por esta sola condición. Es por ello que, en niveles inferiores, muchos intentan hacer valer sus encantos en ese terreno para mejorar su estatus. Hasta el punto de aceptar todo tipo de torturas, hipotecando sus vidas para alcanzarlo y mantenerse o aprovecharse de él.
No tiene, ni necesita, otra razón ni garantía de permanencia que el instinto sexual animal. Muchas fortunas del nivel anterior se basan en la explotación de este recurso.
4 – El cuarto es la inteligencia. Esta, en principio, no es algo exclusivo de ninguno de ellos, pero si su desarrollo; ya que solo en los dos primeros suele tener la oportunidad y las condiciones para manifestarse. Dándose la paradoja que, incluso habiendo llegado a desarrollarla hasta un cierto nivel nivel, uno no tenga la oportunidad de aplicarla sin la aceptación y consentimiento de los dos primeros apartados; con lo cual, conseguir ese reconocimiento, equivale a lo que se podría llamar “estado de gracia”.
5 – El quinto nivel son las habilidades personales; que abarcan desde el conocimiento tecnológico , el encanto personal, la astucia o el arrojo. La mayoría de personas no pueden contar, en mayor o menor medida, con otro privilegio que este; con lo que intentan servirse de él para escalar puestos en la jerarquía de privilegios . Naturalmente mejoran las expectativas cuando a este nivel puede sumarse el anterior.
Pertenece a uno de los niveles superiores no le excluye a uno de este, pero mientras en los anteriores no es imprescindible este para pertenecer a ellos, este suele ser el único recurso con el que cuentan los de este nivel para acceder a los superiores.
Y, sin embargo, los de los niveles superiores, no podrían subsistir por si mismos sin el sostén de estos.
6 – Sexto. Los excluidos y marginados. Que lo son, normalmente, solo por el hecho de no pertenecer a ninguno de los anteriores. Lo que hace prácticamente imposible el acceso a ninguno de ellos; a no ser de la mano de alguna forma de genialidad o excentricidad (excentricidad que suele ser compartida así mismo por parte de quien ha de reconocerla o avalarla).
Por contra, desde cualquier nivel, uno puede desembocar en este.
7 – Séptimo. Los sabios. Aquellos que saben y conocen de los anteriores, pero rechazan pertenecer a ninguno de ellos. Si bien, quienes mejor pueden permitirse ese lujo son los del primer nivel, pues uno solo puede renunciar a aquello de lo que dispone… y no le ha costado ningún esfuerzo conseguir.
8 – Octavo. Quienes no gozan, por derecho, de ningún privilegio. Pero tampoco están (en principio) excluidos de poder alcanzarlos, ya sea de manera transitoria, accidental o permanente. De alguna manera sería el opuesto al primer nivel: uno no nace en él pero podría, hipotéticamente, llegar a alcanzarlo. Sin embargo los casos que pueden aportarse como ejemplo han de contarse con los dedos… de una oreja.













